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Suicidio

3 de noviembre de 2026
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Datos y cifras

  • Cada año, más de 740 000 personas fallecen por suicidio.
  • El suicidio es la segunda causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años.
  • El 73 % de los casos ocurren en países de ingresos bajos y medianos.
  • Las causas del suicidio son múltiples, ya que incluyen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales presentes a lo largo de la vida.
  • Por cada persona que se suicida, muchas más intentan hacerlo. En la población general, un intento previo es un importante factor de riesgo. 

Panorama general

Cada año, 746 000 personas se quitan la vida y muchas más lo intentan. Todos los casos son tragedias para las familias, el entorno y todo el país, y dejan efectos duraderos en los allegados. Los suicidios pueden ocurrir a cualquier edad y fueron la segunda causa más frecuente de muerte en el mundo entre las personas de 15 a 29 años en 2023.

Es un fenómeno que no ocurre solo en los países de ingresos altos, sino que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, cerca de tres cuartas partes de los suicidios (el 73 %) en 2023 ocurrieron en países de ingresos bajos o medianos.

El suicidio es un grave problema de salud pública que se debe abordar desde este ámbito. Hay intervenciones preventivas basadas en la evidencia y, a menudo, de bajo costo, que se pueden adoptar a tiempo para evitarlo. Pero, para que estas iniciativas sean eficaces, deben aplicarse mediante una estrategia multisectorial e integral a nivel nacional.

Grupos de riesgo

En los países de ingresos altos se ha demostrado que el suicidio guarda relación con los trastornos mentales, en particular, la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, y también con los intentos previos de suicidio. Sin embargo, muchas personas se quitan la vida de forma impulsiva en un momento de crisis en el que pierden la capacidad de afrontar situaciones estresantes de la vida, como problemas económicos, conflictos en las relaciones personales y enfermedades o dolores crónicos.

Asimismo, se ha demostrado que vivir una guerra o un desastre natural, sufrir violencia o abusos, perder a un ser querido o sentirse aislado son experiencias que guardan una estrecha relación con la conducta suicida. Las tasas de suicidio son elevadas también entre los grupos vulnerables y discriminados, como los refugiados y los migrantes, los pueblos indígenas, las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales, y los reclusos.

Prevención y control

Tanto el suicidio como las autolesiones se pueden prevenir con intervenciones dirigidas a la sociedad, a grupos o a personas. En Vivir la vida, su iniciativa para prevenir el suicidio, la OMS recomienda las siguientes intervenciones esenciales, basadas en la evidencia y de eficacia demostrada:

  • restringir el acceso a los medios utilizados (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos);
  • trabajar con los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suicidio;
  • fomentar aptitudes socioemocionales en los adolescentes; y
  • detectar a tiempo, evaluar y tratar a las personas que presentan conductas suicidas, además de hacerles un seguimiento.

Estas medidas se deben acompañar de intervenciones básicas como el análisis de cada situación, la colaboración multisectorial, la sensibilización, la creación de capacidad, la financiación, la vigilancia, el seguimiento y la evaluación.

A fin de prevenir el suicidio, es necesario que se coordinen y colaboren varios sectores de la sociedad, como los de la salud, la educación, el empleo, la agricultura y la ganadería, la empresa, la justicia, el derecho, las fuerzas del orden, la política y los medios de comunicación. En el suicidio influyen tantos factores que las actividades de prevención deben ser integrales y llevarse a cabo de forma coordinada.

Obstáculos y dificultades

Tabús y estigmatización

La estigmatización, especialmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o que ya lo han intentado y, por tanto, les impide recibir la ayuda que necesitan. Además, hay otros motivos que explican que hasta ahora no se haya prestado suficiente atención a la prevención del suicidio. Por un lado, falta sensibilización sobre la importancia del suicidio como problema de salud pública. Por otro, en muchas sociedades el suicidio es un tabú que impide hablar de él abiertamente. Hasta la fecha, solo unos pocos países han hecho de la prevención del suicidio una prioridad de sus políticas de salud y solo 38 han comunicado que cuentan con una estrategia nacional específica sobre el suicidio.

Para que los países avancen en esta prevención, es importante sensibilizar más a la sociedad y superar los tabús existentes.

Calidad de los datos

En el mundo en su conjunto se dispone de pocos datos sobre el suicidio y las conductas autolesivas, y los que hay son de escasa calidad. Solo en unos 80 Estados Miembros de la OMS los datos del registro civil tienen calidad suficiente para utilizarlos directamente para estimar las tasas de suicidio. La escasa calidad de los datos sobre mortalidad afecta también a otras causas de defunción pero, por la estigmatización que rodea al suicidio y por la ilegalidad de las conductas suicidas en algunos países, es probable que la notificación insuficiente y los errores de clasificación supongan un problema mayor en el caso del suicidio que en el de la mayoría de las demás causas de muerte.

Para prevenir eficazmente el suicidio es preciso intensificar la vigilancia y el seguimiento de los casos tanto de suicidio como de los actos autolesivos. Cabe tener en cuenta también que los patrones de suicidio difieren de un país a otro y que, con el tiempo, se producen variaciones en las tasas, las características de los suicidios y los métodos utilizados. Por ello, cada país debe tratar de disponer a tiempo de datos más completos y de mejor calidad. Con ese fin, los suicidios deben constar en los registros civiles y las conductas autolesivas, en los hospitalarios. También se deben realizar encuestas representativas de la población del país que recojan información sobre las conductas autolesivas que notifican las propias personas.

Respuesta de la OMS

La urgencia de actuar para prevenir los suicidios ha sido reconocida y priorizada en las más altas instancias. La reducción de la tasa de suicidios es un indicador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (es el único relativo a la salud mental), el Programa General de Trabajo de la OMS y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 de la OMS.

En 2014, la OMS publicó su primer informe mundial al respecto, titulado Prevención del suicidio: un imperativo global, con objeto de dar a conocer mejor la importancia del suicidio y de los intentos de suicidio como una cuestión de salud pública, así como de hacer de su prevención una de las principales prioridades mundiales de salud pública. Además, con este informe se procuró alentar y ayudar a los países a elaborar o reforzar estrategias nacionales integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública.

En 2021, la OMS publicó el documento Vivir la vida. Guía de aplicación para la prevención del suicidio en los países. Para facilitar la aplicación de las cuatro intervenciones fundamentales de esta guía, se han publicado también tres recursos complementarios: el folleto de 2024 sobre Prevención del suicidio mediante la eliminación progresiva de los plaguicidas altamente peligrosos para contribuir a limitar el acceso a uno de los medios empleados; la actualización publicada en 2023 del documento Prevención del suicidio: un recurso para profesionales de los medios de comunicación para informar con responsabilidad sobre el suicidio, y un conjunto de instrumentos para ayudar a los adolescentes a prosperar, que ayuda a fomentar las habilidades socioemocionales para la vida entre los jóvenes. En el sector de la salud, el suicidio y las autolesiones figuran también entre los problemas prioritarios que aborda el Programa de Acción de la OMS para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP). Este Programa ofrece orientaciones técnicas basadas en la evidencia para que los países amplíen los servicios y la atención que prestan en relación con los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias. Asimismo, la Guía de Intervención para el mhGAP incluye un módulo específico para el suicidio y las autolesiones que facilita la detección temprana de los casos, su evaluación, su atención y su seguimiento. A través de la iniciativa Vivir la vida se alienta a los gobiernos a aplicar un conjunto de intervenciones básicas basadas en la evidencia para prevenir el suicidio.